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RELIGIONES Y FILOSOFIAS

Ningún hombre puede vivir sin religión. Hay algunos que en el
egotismo de su razón declaran que no tienen nada que ver con la religión. Esto es como si un hombre dijera que respira pero que no tiene
nariz. Sea por la razón, por el instinto o por la superstición, los hombres establecen alguna – suerte de rela-ción con lo divino. Incluso el
agnóstico o ateo más acabado admite la necesidad de un principio
moral y asocia algo bueno al hecho de observarlo y algo malo con su
no-observancia. Bradlaugh, cuyo ateismo es bien conocido, insistió
siempre en proclamar sus convicciones más profundas. Tuvo que sufrir
mucho por decir la verdad de ese modo, pero se deleitaba en ello, afirmando que la verdad lleva en sí su propia recompensa. Es evidente que
Bradlaugh no era completamente insensible a la16 alegría que se desprende de la observancia de la verdad. Sin embarga, esa alegría no es
enteramente mundana sino que brota de la comunión con lo divino. Tal
es la razón de que yo haya sostenido que aún el hombre que reniega de
la religión no puede vivir -y, de hecho, no vive- sin religión.
Young India, 23-1-‘30, p. 25

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